sábado, 15 de agosto de 2009
Publicado por bianchicj @ 3:16
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Entre tus manos de polvo

 

Hay hitos en la vida que nos convocan a separar el tiempo en un antes, y un después.

Entonces no sólo el tiempo cambia, también nosotros lo hacemos en la manera de interpretar el mundo.

Al hito que me refiero, es al de la pérdida de un hijo.

Cuando sucede, sucede una vez, pero permanece para siempre instalado en la memoria y en los sentimientos.

Todo cobra otro sentido.

También las palabras.

Las palabras con su mágico decir, pueden provocarnos sensaciones, sentimientos.

He recopilado unas pocas estrofas de un libro que se titula “Entre tus manos de polvo”. Su autor es Carlos Hernán Bianchi, hermano de Martín.

Como están en mi memoria, es probable que lo trascripto no refleje textualmente la prolija pretensión del autor.

Estas estrofas han logrado con su decir, provocar en mí evocaciones, soledades, esperanzas.

Es inútil decir que tanto el libro como las emociones que genera su lectura, suceden a partir del después, en que nos instaló la muerte de Martín.

No escribe Carlos Hernán desde una pretensión literaria, de la que creo no carece, pero sí es seguro que lo hace desde su dolorosa experiencia vivencial.

Creo importante aclarar a los padres, que la lectura de estos versos no me ubica ni me detiene en una visión melancólica del duelo, por el contrario creo que un duelo implica el desafío de volver a crecer desde el sufrimiento, desde una espiritualidad que nos invita a estar cada vez más cerca del sufrimiento ajeno, y de brindar nuestro amor –siempre disponible- a quienes lo necesiten.

Esta convicción no me impide emocionarme, frente a la lectura de estos renglones que me hablan de Martín, de Carlos y del amor que nos unió.

Debo confesar que tratándose de duelo, estoy más cerca de la reminiscencia y del tierno recuerdo que del inútil festejo.

 

Carlos ha elegido como preludio a sus poemas, una cuarteta que pertenece a Cesar Fernández Moreno:

 

Qué lejos nos pusieron…

Ahora que pasa esto,

Esta burda diferencia,

Yo vivo y tú no vives.

 

Aquí van sus escritos…

 

Hace una semana

 

Hace una semana

Que no hay nada

 

Hace una semana

Que no hay más que tu ausencia

Derramada en absolutamente todo,

 

Hace una semana,

Un instante

Once millones de siglos,

Sigo sin entender.

 

Día de junio

 

Ruido en la copa de los árboles

Viento en los techos,

 

El tiempo no rueda

Los días se unen

Te extraño a lo largo de los días

 

Las caras conocidas y la que falta,

 

Llueve

Tomo mate

Y te extraño

 

Queda el olor colgado de una camisa

 

Bobby está triste,

Y es lo único que faltaba,

(Él también sabe que la tierra parpadea de muerte),

El momento se reduce

a nosotros dos,

En los ojos alguien no está.

 

Tic tac

 

La sangre apurada,

El intento de los labios,

La grieta;

En una esquina

Que la muerte miraba

Desde un balcón de un primer piso,

Donde la soledad, inapelable,

Se expandió como la luz,

Pero al revés.

 

 

Sobre el mismo t ema

 

Solo,

Me aferro a los objetos que se duplican

Para lamerles el último olor,

Cuando no queda más que enloquecer.

 

                                                             ***

 

Su libro lleva un epílogo en el que agradece a algunas personas, el haberlo inducido a  frecuentar la escritura y a  disfrutar del sutil encanto que entrañan las letras.

Nombra a esas personas y termina diciendo:

“Entre los nombres está Martín, porque Martín está siempre, fundamentalmente en el silencio, en lo no dicho.”

 

Esto es todo, hace diecinueve años, u once millones de siglos, como bien dice Carlos…

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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